De la oración a la búsqueda de desaparecidos: comunidades de fe impulsan una “paz activa” desde la IBERO en la 2a Jornada Interreligiosa por la Paz

CIUDAD DE MÉXICO.— En un país impactado por la crisis de desapariciones y la violencia estructural, las convicciones religiosas han comenzado a dar un giro decisivo: de la oración en los templos a la búsqueda directa de personas y el acompañamiento en las calles. Durante la 2ª Jornada Interreligiosa por la Paz, celebrada en la Universidad Iberoamericana (IBERO) Ciudad de México, representantes y activistas de distintas tradiciones espirituales coincidieron en que la pacificación del país demanda una “paz activa” fundada en la justicia, la escucha atenta y la presencia continua junto a las víctimas. En representación de la Comisión Episcopal de Diálogo Interreligioso y Comunión (CEDIC) estuvo presente en el encuentro la Mtra. Karen Castillo Mayagoitia de CdMex. 

El encuentro visibilizó cómo la fe se ha transformado en un motor de acción comunitaria e intervención pública frente a la impunidad. “He aprendido a llorar con los que lloran, a buscar con los que buscan y a mantener la esperanza”, testificó Saraí Hernández, religiosa Carmelita Misionera de Santa Teresa, quien desde 2021 acompaña a colectivos de familias buscadoras en el estado de Morelos. La religiosa enfatizó que la paz no se edifica con discursos abstractos, sino en acciones cotidianas: caminar en brigadas de búsqueda en campo, esperar horas afueras de las fiscalías y los servicios forenses, ofrecer alimento y refugio, o abrazar a una madre tras enfrentarse a un expediente sin avances.

Diversidad espiritual articulada contra la violencia

La jornada dio inicio en la Casa de Meditación Encuentro y Paz del recinto universitario, donde convergieron expresiones espirituales heterogéneas. El espacio reunió rituales tradicionales otomíes, cánticos hinduistas, lecturas del Corán, oraciones budistas y cristianas, así como pronunciamientos en sánscrito. La intención no consistió en fundir las creencias en un dogma único, sino en permitir que cada comunidad manifestara, desde su propia identidad, una exigencia compartida de justicia y reconciliación social.

En uno de los momentos más significativos, las distintas voces reunidas proclamaron al unísono: “Nunca más las violencias, nunca más las guerras”, con referencias explícitas a la urgencia de erradicar las desapariciones forzadas, los feminicidios, los crímenes de odio y los genocidios.

Durante la apertura, el Dr. Enrique Sanz Giménez-Rico, S.J., titular del Centro de Humanismo Integral Ignaciano (CeHII) de la IBERO, recurrió a la noción hebrea de shalom para recordar que la paz implica plenitud y armonía integral, entendida como un camino que se construye en el andar diario. En esa misma línea, la Mtra. Mónica Maccise, Directora General de Vinculación Universitaria, señaló que la tranquilidad individual debe traducirse en una paz comunitaria para transformar el entorno social.

Por su parte, Ignacio Cuevas de la Garza, coordinador de Religiones por la Inclusión, sostuvo que la diversidad religiosa debe funcionar como un detonante de empatía y justicia social. “La inclusión no es simplemente tolerar la existencia del otro, es reconocer que el otro es legítimo y que su dolor nos concierne”, aseveró, resumiendo el espíritu del evento con la frase: “México nos duele, pero también México nos convoca”.

Una red nacional cimentada en la escucha

Un aspecto central abordado durante las mesas de trabajo fue el balance del Diálogo Nacional por la Paz. Ana Paula Hernández Romano, coordinadora de esta iniciativa, explicó que a lo largo de un proceso de consulta de siete meses se han recabado las voces de más de 16 mil personas a través de conversatorios en parroquias, escuelas, comunidades rurales y centros penitenciarios, generando los insumos para la Agenda Nacional de Paz.

Actualmente, el Diálogo Nacional por la Paz cuenta con equipos consolidados en 28 de las 32 entidades federativas del país, articulando esfuerzos entre organizaciones civiles, universidades, comunidades religiosas, colectivos de víctimas y empresas. Hernández Romano destacó que, en un entorno caracterizado por la estridencia, el acto de escuchar se convierte en un acto de rebeldía e intervención social. En este espacio también intervino el sacerdote Efrén Velázquez Gutiérrez, presidente del Consejo Interreligioso de México, quien resaltó el papel de la cooperación ecuménica.

Mujeres de fe articulan redes de protección

La parte final de la jornada estuvo dedicada al papel de las mujeres de fe en la prevención de la violencia, especialmente la de género. Karen Castillo, de la Comisión Episcopal de Diálogo Interreligioso y Comunión (CEDIC), expuso la conformación de una red interreligiosa de mujeres orientada al acompañamiento, la mediación de conflictos y la acción comunitaria.

En el panel participativo —que incluyó aportaciones de la terapeuta Carolina Sánchez y representantes budistas, judías e hinduistas— se concluyó que la fe femenina se traduce en organización comunitaria y presencia física, proponiendo una paz activa que exige permanecer de manera solidaria junto a quienes enfrentan el dolor.

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